Hay cierto tipo de declaraciones que no son bien-venidas por ninguna sociedad, excepto, determinada tendencia morbista-exhibicionista con o sin intenciones de ofender a quién sabe quién y por qué.
Con o sin este regalo para los susodich@s, para su deleite y manifestación de calle, las relaciones sentimentales no deberían de exponerse en público -ni en privado-, porque, a la mayoría de gente les resulta molesto, por la idea o sensibildad que sea, religiosa o personal, aunque se disfrute por la misma gente cuando se expone como historia ficticia en alguna película.
Además, existe ese afán consciente e inconciente de controlar los sentimientos de la gente, según les convenga, en un país tan contradictorio como oscuro, disfrazado de libertad y entendimiento (aparte del progreso mediocre, del que tanto se presume)
Que sale de una etapa en la que parecía que ibamos al sumum del conocimiento y la tolerancia y, en cambio, se ha derivado a cosas que parecen estar diabólicamente manipuladoas por los inquisidores, para estropear lo que debería ser el verdadero progreso del ser humano, éste algo ya impensable en este país, como asburdo les pueda parecer a gente de otros países europeos y extra-europeos.
Sí, quien tenga la oportunidad sentimental que sea -y lo aproveche sin miedo, ni prisas para ir a algun sitio-, ha de guardarla en secreto, como en otros tiempos, no sea que una mayoría ultra-celosa y recelosa, de urna falsa, le lleven a la hoguera eterna al alegre manifestante, o que a otros seres creados por unos o por otros, les sirva de alimento para su morbo televisivo o de calle.
A todo esto hay que añadir la malintencionalidad o el analfabetismo a la hora de confundir conceptos y terminología con otros, o recrearlos al gusto del consumidor.
El enredo, como siempre, está servido sobre la mesa, con vino y remesa
El enredo, como siempre, está servido sobre la mesa, con vino y remesa
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2011m

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